jueves, 9 de julio de 2009

Requiem por Enrique Congrains Martins

Cuando yo era niño, eran frecuentes las grandes reuniones tribales, es decir, todo el ayllu, con padres, hermanos, tíos, primos y abuelos presentes. Era lo máximo el desayuno dominical con café con leche, cancha, queso, chicharron, etc. El frugal ágape me hacía recordar a Abraham Valdelomar cuando relataba en"El Caballero Carmelo":

"(...)¡Qué cosas tan ricas! (...) Quesos frescos y blancos, envueltos por la cintura con paja de cebada, de la Quebrada de Humay; chancacas hechas con cocos, nueces, maní y almendras; frijoles colados en sus redondas calabacitas, pintadas encima con un rectángulo del propio dulce, que indicaba la tapa, de Chincha Baja; bizcochuelos, en sus cajas de papel, de yema de huevo y harina de papas, leves, esponjosos, amarillos y dulces(...)"

A esto se sumaban los acostumbrados relatos de anécdotas de mis tíos en su lugar natal: Que Hugo cuando crió un puma, que Humberto cuando cayó del caballo, que mi madre cuando montaba chanchos gigantes. Todo era muy divertido hasta que empezaban a hablar y contar chistes en quechua y yo odiaba secretamente el hecho de haber nacido y crecido en un lugar tan aburrido como Lima la gris y de no entender ni una palabra de "Runa Simi". En otras palabras, me sentía mas perdido que Adán en día de la madre y, porqué negarlo, envidioso también, lo confieso.


Mi padre ha sido siempre aficionado a las "Ferias de libro de viejo". Así le llaman ahora. Nosotros solíamos llamarlos libros usados ...de la Av. Grau jeje.
El caso es que de vez en cuando mi padre sorprendía mi niñez con algunos libros de texto y enciclopedias de algún grado escolar mas avanzado y me gustaba mucho eso. Tomaba con ansias esos maltrechos y hermosos regalos y empezaba a hurgarlos en búsqueda de las lecturas que venían dentro. Recordaba los relatos de mis tíos y asociaba esas bucólicas estampas de su vida con los cuentos de Ciro Alegría y Adolfo Vienrich y amaba esos cuentos. Era como si a través de ellos se me permitiera tener esa vida anhelada llena de aventuras rurales. Luego descubrí (siempre en mis libros de texto) a Francisco Izquierdo Ríos quien me enseñó el maravilloso mundo Amazónico, sus ríos caudalosos, sus animales silvestres... Como entenderán, cada vez me sentía mas miserable en mi casa estilo buque de la cuadra 9 del Jr. Mariscal Miller.

Pero eso cambió el día que descubrí el realismo Urbano de la generación del 50 cuando subí "Por las azoteas" de la mano de Julio Ramón Ribeyro y descubrí que en la ciudad también podía y efectivamente tenía aventuras. Me sentí 100 % yidentificado de inmediato. Así descubrí también la pluma del gran Enrique Congrains Martins y me quedé fascinado con su cuento "El niño de junto al cielo". Ya estaba yo en las grandes ligas presenciando el llamado Boom Latinoamericano y desde entonces sentí a esos autores como mis compañeros de aventuras, como niños que jugaban en los mismos espacios que yo y me enseñaban algunos rincones de mi ciudad que yo aún no conocía.


"¿Eso era Lima, Lima, Lima?... La palabra le sonaba a hueco. Recordó: su tío le había dicho que Lima era una ciudad grande, tan grande que en ella vivían un millón de personas" - De "El Niño de Junto al Cielo"

(foto por cortesía de Duber Gonzáles - dubertidisimo.blogspot.com/ )


Es por eso que con este pequeño escrito quiero hacer un reconocimiento y homenaje al gran Enrique quien nos ha dejado. Había escrito poco pero reveló a los lectores una Lima poco conocida en aquel tiempo: una ciudad atroz y violenta pero bullente de vida y esperanza. La lucha de los desplazados para sobrevivir cada día a su propia miseria fue el gran tema que Congrains plasmó en sus libros de cuentos: Lima, hora cero (1954), Kikuyo (1955) y, sobre todo, en su novela No una, sino muchas muertes (1957) que Francisco Lombardi llevó a la pantalla grande con el título: Maruja en el infierno (1983).

Hace poco Enrique Congrains nos dió una sorpresota al volver luego de 5 décadas de silencio con una nueva entrega literaria explorando temas nuevos y totalmente diferentes: Gallinita portahuevos, El narrador de historias y 999 palabras para el planetaTierra (Hay tarea)

Enrique, te puedes ir con la tranquilidad de la misión cumplida. Aunque no me conociste me hiciste muy feliz con tus relatos y nunca dejaré de admirarte. Quizas tu seas responsable de que ahora sea yo quien le dé al teclado para contar mis "artventuras" y de que sea un amante de esta ciudad llamada Lima

Descansa en paz amigo.